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Estar donde estés: Ahorro

¿Cómo afectará la inflación a los ahorros de los españoles?

  • Cuando el nivel general de precios sube suele provocarse una pérdida de poder adquisitivo en la población

La inflación continúa su escalada en España. En el mes de mayo, la tasa interanual del índice de precios al consumo (IPC) se situó en el 2,7%, cinco décimas por encima de la de abril, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta subida de precios es una de las principales enemigas de los ahorradores, ya que, de no batirla, el poder adquisitivo se va reduciendo.

La inflación se podría definir como la subida continuada de los precios de los bienes y los servicios que se consumen durante un período de tiempo. En España ésta se mide a través del IPC, una tasa que el INE publica mensualmente y que se basa en los precios de una cesta de productos y en los de los servicios.

En este sentido, con el repunte del mes de mayo, el IPC encadena su quinta tasa positiva consecutiva, coincidiendo con la reactivación económica del país tras la crisis derivada de la pandemia de la COVID-19. Como explica Philip R. Lane, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), "durante 2020, observamos un importante descenso de la tasa de inflación, que se adentró en terreno negativo en los últimos meses del año, y ahora estamos viendo una evolución inversa en los primeros meses de 2021".

Lane atribuye la volatilidad que ha acompañado a este indicador a varios motivos. Por un lado, la pandemia ha estado asociada a un ciclo significativo del precio del petróleo, que cayó desde aproximadamente 70 dólares a principios de 2020 hasta menos de 20 dólares a finales de abril de ese mismo año tras el estallido de la pandemia. A partir de ahí, el precio del petróleo se ha ido recuperando y desde el pasado mes de mayo se sitúa en niveles similares a los registrados antes del inicio de la crisis derivada de la COVID-19. De hecho, en España el incremento de los precios en el mes de mayo ha estado motivado, principalmente, por el encarecimiento de las gasolinas, de los automóviles, de los aceites y las grasas y del gasóleo para la calefacción.

Por otro lado, como destaca el miembro del Comité Ejecutivo del BCE, se desplomó el gasto en turismo, viajes y hoteles, mientras que aumentó el gasto en artículos para trabajar, estudiar o hacer ejercicio en el hogar, así como en alimentación. Además, algunos gobiernos aplicaron bajadas temporales del impuesto sobre el valor añadido (IVA), que presionaron la inflación a la baja en 2020, antes de que volviera a aumentar temporalmente en 2021 cuando dejaron de aplicarse. Por último, la volatilidad de la inflación también es atribuible a cambios en la temporada de rebajas. Por ejemplo, las rebajas de ropa y de calzado se adelantaron de enero a diciembre en Alemania y se atrasaron en Italia y Francia. En España, las rebajas posteriores a Navidad también se adelantaron en 2021 para paliar los efectos de la pandemia.

En este sentido, el BCE ha advertido que la recuperación económica vendrá acompañada de inflación. Las nuevas expectativas de subidas de precios se sitúan hasta el 1,9% en 2021 y el 1,5% en 2022, frente al 1,5% y el 1,2% anticipadas, respectivamente, el pasado mes de marzo, mientras que ha mantenido su previsión de un alza de los precios del 1,4% para 2023. El organismo europeo tiene como mandato intentar acercar la inflación al 2%, pero nunca sobrepasar este porcentaje.

En resumen, si hay inflación, significa que la vida se encarece. Por poner un ejemplo, si el IPC sube un 10% en los próximos años, lo que hoy cuesta 100 euros terminará suponiendo un desembolso de 110 euros. El mismo efecto se produce sobre los ahorros. Basándose en el mismo ejemplo, si una persona tiene ahorrados 1.000 euros con un repunte de la inflación del 10%, esa cantidad se convertiría en 900 euros. Por tanto, el coste de tener los ahorros parados en este caso sería de 100 euros, de ahí que batir la inflación debería ser una de las prioridades de todo ahorrador. Calcula aquí cuál es el coste de tener tus ahorros parados.

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Es en este punto donde entra en juego el concepto de la rentabilidad real, es decir, el resultado de restar al rendimiento nominal de un activo el efecto de la inflación. Cuanto mayor sea ésta, más interés tendrá que ofrecer un producto para que sea rentable.

Cómo batir la inflación

Para rentabilizar los ahorros, por tanto, la mejor alternativa es buscar productos financieros que batan la inflación. En un contexto de bajos tipos de interés como el actual, esta tarea es más difícil para los perfiles conservadores, puesto que los vehículos tradicionales como las cuentas corrientes y los depósitos a plazo fijo apenas ofrecen rentabilidad a día de hoy.

En este sentido, para obtener un rendimiento más atractivo es necesario asumir algo más de riesgo. La subida de la inflación acostumbra a ser beneficiosa para la renta variable, ya que suele ir asociada a un crecimiento económico y a un aumento de los beneficios. Sectores como el energético o el inmobiliario normalmente actúan como un buen escudo frente a la subida de la inflación.

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Asimismo, las megatendencias son una opción con mucho potencial, puesto que conforman un grupo de fuerzas transformadoras que provocan cambios estructurales en la sociedad y en la economía y se consolidan como una gran oportunidad a largo plazo. Incluyen estrategias como la inversión en cambios sociodemográficos, medioambientales o tecnológicos.

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En el caso de la renta fija, los llamados bonos ligados a la inflación están indicados para aquellos momentos del ciclo económico en los que se espera que este indicador vaya al alza, ya que ofrecen una protección adicional respecto el resto de bonos. Se trata de bonos gubernamentales cuyo nominal está ligado a la inflación, de manera que el incremento de esta variable no repercute de forma directa en una caída del precio, como ocurriría con los bonos tradicionales. Asimismo, las materias primas son otra opción atractiva en un entorno de subida de la inflación.

El atractivo de los fondos de inversión

Antes de pasar del ahorro a la inversión es importante determinar qué tipo de inversor se es. La clasificación estándar viene determinada por la aversión al riesgo, de la que se desprenden tres tipos de inversor: el conservador, que trata de preservar el capital y busca superar la inflación y, por tanto, admite baja exposición al riesgo; el moderado, que busca el equilibrio entre estabilidad y crecimiento patrimonial, por lo que la exposición al riesgo tolerada es intermedia; y el agresivo, que quiere maximizar la rentabilidad, por lo que su exposición al riesgo es elevada.

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En este contexto, no es necesario contar con grandes patrimonios para acceder a activos como la bolsa, la renta fija o las materias primas. Con cantidades modestas e invirtiendo en productos como los fondos de inversión es posible. Estos son una de las mejores opciones para 'no poner todos los huevos en la misma cesta', ya que permiten contar con una cartera diversificada por tipos de activos, países y sectores, con buena fiscalidad (se benefician del diferimiento fiscal), con liquidez y gestión profesional.

En lo que la mayoría de asesores financieros coincide es en aconsejar destinar un dinero que no se vaya a necesitar en un mínimo de cinco años. En este sentido, las aportaciones periódicas son una buena solución, ya que permiten invertir regularmente una pequeña cantidad de dinero, por ejemplo, cada mes o cada trimestre, con el objetivo de minimizar los riesgos y la incertidumbre propios de los mercados.

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