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La economía del comportamiento: ¿cómo gestionar nuestras finanzas en momentos de incertidumbre?

  • Esta disciplina ayuda a que la toma de decisiones en algo tan sensible como las finanzas personales no sea fruto del impulso

La principal característica que distingue al ser humano del resto de animales es el raciocinio. Sin embargo, como ser emocional, la razón no siempre es la que guía nuestro comportamiento, sobre todo en épocas que implican una gran carga anímica, ya sea por sentimientos de euforia, pena o incertidumbre. Precisamente, la pandemia provocada por la COVID-19 ha generado un estrés excepcional en la sociedad que va más allá de la preocupación por la salud.

La economía está siendo una de las principales damnificadas por esta situación debido al parón productivo que se ha producido en todo el mundo a raíz de las restricciones. Esa incertidumbre genera, a su vez, que las personas tomen decisiones financieras precipitadas y que nacen de un sentimiento como puede ser el miedo en lugar de surgir de un proceso razonado. De ahí que sea tan importante estudiar disciplinas como la de la economía del comportamiento, para ayudar a que la toma de decisiones en algo tan sensible como las finanzas personales no sea fruto del impulso.

Precisamente, sobre esto tratará el webinar liderado por el experto Pedro Rey. Un encuentro enmarcado en Los Directos de Sabadell Forum de Banco Sabadell.

*Apúntate al webinar 'Economía del comportamiento', con Pedro Rey, profesor de Economía del Comportamiento de ESADE, Master en Economía y Finanzas por el Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI) y Doctor en Economía por University College London. Organizado por Los Directos de Sabadell Forum de Banco Sabadell. Cuándo: martes 23 a las 16 h.

Como explica Rey, la economía del comportamiento "plantea superar el enfoque simplista de la economía tradicional, que supone que los individuos siempre actúan como mejor les conviene, sin cometer errores ni dejarse llevar por las emociones, y siempre siendo capaces de predecir sin error el comportamiento de los demás".

En este sentido, tal y como recoge la guía 'Psicología económica para inversores', de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), la mayoría de las decisiones se toman siguiendo procesos intuitivos y automáticos en vez de procesos analíticos y controlados. Este modo de pensar rápido y subjetivo está sometido a la influencia de los sesgos que llevan a las personas a adoptar decisiones que son previsiblemente equivocadas. "La economía del comportamiento incorpora el estudio sistemático de estas desviaciones del comportamiento para describir mejor cómo actuamos y para poder predecir mejor cómo se comportarán los individuos en distintos entornos", añade Rey.

Algunos de los sesgos más comunes son el exceso de confianza; la ilusión de control; sobreestimar las opiniones de determinadas personas; imitar las acciones que realizan otros; el descuento hiperbólico, es decir, elegir recompensas más pequeñas e inmediatas frente a recompensas mayores y alejadas en el tiempo; la aversión a las pérdidas; o la falacia del coste hundido, el sesgo que lleva a mantener una inversión que ha generado o está generando pérdidas ante el temor a perder lo que ya se ha invertido.

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Cómo afecta la incertidumbre

Tal y como apunta Rey, "la incertidumbre es uno de los factores principales que afectan a nuestro comportamiento, pues rompe la relación directa entre acción y consecuencia y, por tanto, nos despista a la hora de comportarnos de forma óptima. Por una parte, en situaciones de incertidumbre tenemos dificultades psicológicas en asignar probabilidades a los distintos eventos que pueden ocurrir y no sólo eso, sino que tenemos problemas para interpretar correctamente esas mismas probabilidades".

Además de lidiar con las emociones propias, los resultados también dependen de las acciones de otros individuos, lo que genera una incertidumbre añadida, ya que hay que prever cómo se van a comportar los demás. Por ello, cuanto mayor sea ese entorno de inquietud, más difícil será actuar de la forma más óptima posible.

Como muestra el informe 'El efecto de las emociones en nuestras inversiones personales', elaborado por Banco Sabadell junto a Novaster y ESADE, las emociones pueden pesar hasta un 70% en las decisiones de los individuos. Esto lleva a desarrollar perfilados diferentes, lo que se conoce como modelos psicográficos, donde se incorporan características como la personalidad, los valores o la forma de pensar del inversor. Estos modelos ayudan a determinar las estrategias de inversión y el grado real de tolerancia al riesgo de los inversores. Eso sí, hay que tener en cuenta que los factores psicológicos cambian en un mismo individuo en el tiempo, a veces subrepticiamente, y que los ajustes tienen que ser constantes.

Una muestra de cómo ese miedo afecta a la hora de decidir financieramente en épocas convulsas, son los niveles de ahorro que han acumulado los españoles durante la pandemia. En el segundo trimestre de 2020 la tasa de ahorro de los hogares se disparó hasta el 31,1% de la renta disponible, casi 60.300 millones de euros, una cifra histórica, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Antes de la actual crisis, el máximo se había situado en el 20,1% en el segundo trimestre de 2009 y el valor medio desde 1999 hasta 2019 había sido del 7,8%.

Según el informe 'La resiliencia/vulnerabilidad de los hogares españoles frente al COVID-19. Disparidades en la distribución y composición del ahorro en el entorno europeo', elaborado por Fundación Mutualidad Abogacía y Fundación IE de IE University, en España las familias no cuentan con una cultura de ahorro adecuada. En vez de acumular ahorro en los momentos de bonanza económica, los hogares españoles elevan su consumo, mientras que, ante circunstancias económicas adversas, elevan su tasa de ahorro. Este comportamiento exacerba más el ciclo económico, en vez de suavizarlo.

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En estos entornos "tendemos a comportarnos de una forma más conservadora, evitando el riesgo, puesto que, en general, tendemos a sufrir más por las posibles pérdidas que un comportamiento arriesgado nos puede ocasionar que por las potenciales ganancias de arriesgarnos", añade Rey. De hecho, según los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky, padres de la teoría prospectiva, el cerebro percibe las pérdidas con una intensidad 2,5 veces mayor que las recompensas. Por tanto, el placer de ganar 100 euros es menor que el dolor que se siente al perderlos, porque el cerebro humano tiende siempre a sobredimensionar lo negativo.

A este respecto, incorporar las emociones a la forma de actuar es solo un error cuando lleva al individuo a comportarse de una manera que no está alineada con el resultado que desea. "No se trata de un error en sí mismo, puesto que evolutivamente el tener emociones nos ha ayudado a tomar decisiones rápidas e intuitivas en entornos en los que no tenemos tiempo para hacer un cálculo frío de costes y beneficios de nuestras acciones", sostiene el profesor de Economía del Comportamiento de ESADE. Por tanto, las emociones son una herramienta más de la psicología, que no solo hacen a las personas heterogéneas e interesantes, sino que en muchas ocasiones son útiles. "El problema surge cuando no somos capaces de controlar nuestras emociones en situaciones en las que sí podríamos sopesar mejor nuestros actos y sus posibles consecuencias, lo que puede llevar a un arrepentimiento posterior", puntualiza Rey.

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Cómo luchar contra las emociones

Para minimizar el impacto de las emociones en las decisiones financieras el primer paso, el más obvio, pero a la vez el más olvidado, es el de conocerse a uno mismo. Como expone Rey, "es importante darse cuenta de que estos sesgos son tendencias generales pero que, a su vez, existe una inmensa heterogeneidad entre los individuos: no todos nos dejamos llevar por los mismos sesgos ni lo hacemos de la misma forma ni con la misma intensidad". Por ello, continúa, "en épocas convulsas es crucial conocerse bien y saber qué sesgos y qué emociones son los que a uno le llevan a comportarse de una manera no acorde con los resultados que desea. La introspección, encontrando patrones de comportamiento sistemáticos en situaciones en las que uno no ha conseguido lo buscado, puede ayudarnos a disminuir la influencia de los sesgos y a cambiar nuestro comportamiento".

Con este ejercicio, uno de los resultados que se obtendrá es saber cuál es la aversión al riesgo de cada persona, es decir, cuánto riesgo está dispuesta a asumir con su dinero. En el ámbito de la inversión la clasificación estándar contempla tres tipos de inversor: el conservador, que trata de preservar el capital y busca superar la inflación y, por tanto, admite baja exposición al riesgo; el moderado, que busca el equilibrio entre estabilidad y crecimiento patrimonial, por lo que la exposición al riesgo tolerada es intermedia; y el agresivo, que quiere maximizar la rentabilidad, por lo que su exposición al riesgo es elevada.

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Además de conocerse a uno mismo, la formación también es un elemento crucial. "La adquisición de toda la información relevante para la toma de una decisión y el contraste de esa información con otros, también puede llevar a disminuir los errores", indica el experto. En este sentido, la CNMV recuerda que es probable que las personas con extensos conocimientos en economía los apliquen a la hora de tomar una decisión financiera y mitiguen los sesgos. Dicha formación abarca no solo la adquisición de conocimientos relacionados con este entorno y el entrenamiento en las habilidades necesarias para adoptar decisiones financieras correctas, sino también la toma de conciencia de la existencia de los sesgos cognitivos, los momentos en que tienen mayor incidencia y la manera de obviarlos.

Por último, contar con especialistas en el campo de las finanzas personales es otra de las vías para reducir esa exposición a las emociones. Para ello, existen asesores financieros que pueden guiar en la toma de decisiones. El asesor analiza las cosas con cierta distancia, lo que le aporta perspectiva, y le ayuda a dar un planteamiento racional a las decisiones financieras. Además, cuenta con la formación y la experiencia específica para esta tarea.

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