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Oso o toro, ¿cómo eres como inversor?

  • Unos creen que el mercado será bajista y otros, que los precios de los activos subirán

Wall Street es sin duda una de las calles más famosas del mundo, pero quizá uno de los elementos más fotografiados del distrito financiero de Nueva York es la escultura de un toro de bronce. En España se le conoce como el 'Toro de Wall Street' (en inglés: Wall Street Bull o Charging Bull, es decir, toro embistiendo). En la ciudad alemana de Frankfurt, delante de la Bolsa, también hay una estatua de un toro (bull, en inglés), pero esta vez, está enfrentado a un oso (bear, en inglés). Ambos animales son dos de los símbolos más usados en el mundo de la inversión, pero, ¿sabes realmente a qué hacen referencia?

En resumen, los toros son aquellos inversores que apuestan por un mercado alcista, mientras que los osos son aquellos que creen que bajará. Hay diferentes teorías respecto a cómo se originó el uso de estas palabras para describir a los inversores. Una de ellas se basa en la forma en la que tienen estos animales de atacar. Así, mientras que el toro lanza cornadas de abajo a arriba, lo que simularía un movimiento al alza, el oso ataca con zarpazos que van de arriba a abajo, lo que se interpretaría como un mercado a la baja.

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Otro de los posibles orígenes se remonta al siglo XVIII, cuando el director de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales construyó un muro (wall, en inglés) al sur de la isla en la que se sitúa hoy Manhattan durante la fundación de la ciudad de Nueva York. El objetivo de este muro era evitar que los osos atacasen a los ciudadanos al mismo tiempo que retenía a los toros dentro de la ciudad.

Además, los espectáculos de circo en la Antigüedad clásica también se sitúan como otra de las teorías más recurrentes, ya que uno de los eventos más populares entre el público era la lucha entre animales, siendo la más importante la que estaba protagonizada por un toro enfrentado a un oso. También es común para el término oso la explicación que se basa en los intermediarios que vendían las pieles de este animal. Éstas eran muy codiciadas y los mediadores negociaban con ellas antes de recibirlas.

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Qué son los mercados 'bull' y 'bear'

Sea cual sea el germen de la utilización del toro y del oso, en la actualidad un mercado bull hace referencia a una tendencia alcista, es decir, en la que los precios están subiendo o se espera que lo hagan en un futuro. Por tanto, el toro simboliza el perfil del inversor comprador, con confianza en el mercado y que busca comprar acciones para conseguir beneficio.

Por el contrario, en un mercado bear la tendencia es bajista o, lo que es lo mismo, los precios caen. De forma general se entiende que un mercado está a la baja cuando el precio desciende un 20% o más en un periodo de, al menos, dos meses. Suele ocurrir en épocas de crisis económica. De hecho, 2020 se ha caracterizado por impresionantes caídas en plazos muy cortos de tiempo debido a la crisis ocasionada por el coronavirus. En este sentido, si en un mercado alcista los inversores muestran seguridad y optimismo, en uno bajista reina la desconfianza y la incertidumbre.

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En este contexto, los inversores pueden ser tanto toros como osos en cualquier momento, dependiendo de cómo perciban el mercado. Hoy pueden pensar que la tendencia es que los activos vayan a subir y, en poco tiempo, pueden considerar que las cotizaciones van a disminuir.

"No todos somos iguales, ni siquiera nosotros mismos nos comportamos igual en el tiempo. Esto es, la llamada aversión al riesgo (miedo a perder), la tenemos todos, unos en mayor medida, otros en menor, pero depende mucho de cómo percibimos la realidad y de cómo la sentimos emocionalmente, y eso cambia en el tiempo. Es decir, no siempre vamos a tener el mismo grado de aversión al riesgo en el tiempo, ni siquiera para cada uno de nuestros objetivos. Probablemente para objetivos de corto plazo trataremos de minimizar los riesgos, y seremos más laxos para objetivos de largo plazo", explica Diego Valero, Presidente de Novaster, en el documento formativo elaborado por Banco Sabadell y Esade 'El efecto de las emociones en nuestras inversiones personales'. A este respecto, muchos inversores no profesionales compran cuando el mercado está en momentos alcistas y venden cuando se desploman, llevados, principalmente, por las emociones.

Seguir las pautas racionales

Como ha demostrado este 2020, los momentos convulsos de mercado son un germen perfecto para que los inversores actúen según sus emociones, dejando de lado la parte racional. Una de las consecuencias del pánico generalizado es que muchas compañías con buenos fundamentales y sólidos modelos de negocio también se están viendo afectadas por las caídas, pese a que sus valores siguen estando ahí.

Son dos los momentos clave en la toma de decisiones de inversión: la compra y la venta de cualquier activo. "Ambos momentos son vitales para el éxito de la inversión. Ahora bien, generalmente la decisión de compra se medita y estudia con mayor detalle, mientras que el momento de la venta se reflexiona poco y suele estar influenciado por elementos externos, como el contexto y la incertidumbre. Este es uno de los principales errores que, por lo general, se incurre y que en muchos casos lleva a malas experiencias con la inversión", sostiene Federico Servetto, director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, en el documento formativo mencionado.

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Esos errores que comete el cerebro cuando trabaja de forma automática es lo que se conoce como sesgos. Estos pueden ser cognitivos (errores de percepción) o emocionales (influencia del estado de ánimo). Los sesgos cognitivos, a su vez, pueden ser de perseverancia de creencias, que tienen que ver con la tendencia a mantener los dogmas, por muy irracionales que sean, o de errores de procesamiento, que describen como la información que se recibe se interpreta incorrectamente o se usa de una manera ilógica.

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Ante esto, "dejarse asesorar en cuestiones financieras cuenta con ventajas para combatir y limitar esos sesgos, que en muchos casos nos juegan malas pasadas a la hora de tomar decisiones de inversión. El asesor evalúa la situación con cierta distancia, lo que le aporta perspectiva, y le ayuda a garantizar un planteamiento más racional a las decisiones de inversión", apunta Federico Servetto. Además, como señala el experto, "el asesor cuenta con la formación y la experiencia específica, que es la base profesional indispensable para la tarea que realiza".

Alrededor de una de cada tres personas confía en los asesores financieros antes de tomar cualquier decisión relativa a su dinero. Una cifra todavía baja si se tiene en cuenta que, tal y como apunta Valero, el 70% de las decisiones económicas se toman bajo la influencia de las emociones.

En este contexto, un aspecto clave para alcanzar el éxito en la inversión es respetar los horizontes temporales. "No hay éxitos recurrentes de la noche a la mañana. Cada inversión necesita de un tiempo para 'madurar' y dar frutos. Justamente, la necesidad de inmediatez de la sociedad moderna va reñida con este aspecto clave, vinculado al éxito de las inversiones, que es tener en cuenta que la inversión es un proceso, por lo general, largo que requiere calma, paciencia y, también, constancia", sostiene el director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell.

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