Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos

El modelo 720: todo un tópico

Tras la crónica de una muerte anunciada, nos quedan los rescoldos, aún humeantes, de los paisajes para después de una batalla. Recuerdo algunos tópicos literarios que vienen al caso: Ubi sunt o, lo que es lo mismo, ¿Dónde está? ¿Qué fue, qué se hizo, qué se hicieron, …? No recurramos solo a los clásicos, vengamos más acá: ¿Qué se hizo del modelo 720?

La Sentencia del TJUE del pasado 27 de enero se ha interpretado como un torpedo en la línea de flotación de esa controvertida declaración informativa. Y, sin embargo, el modelo no ha muerto, sigue vivito y coleando pero, eso sí, desprovisto de lo que más lo afeaba: unas sanciones desproporcionadamente desproporcionadas y un carácter -el de imprescriptibilidad-, asociado a una cuestión puramente formal (presentar extemporáneamente una declaración) y, por tanto, no reservada exclusivamente a un ámbito que le es más propio -el penal-, que nuestro Derecho solo otorga a los crímenes contra la humanidad o de lesa humanidad, terrorismo con resultado de muerte, genocidio y delitos contra bienes o personas protegidos en caso de conflicto armado y, en otro orden de cosas (y aquí no tengo por menos que acordarme de La Colmena, libro y película), a ciertas cuestiones civiles y/o administrativas sobre la usucapión.

Esta última cuestión nos lleva hacia otro tópico literario: Tempus fugit, tanto que su mero transcurso, hasta ahora, nos condenaba a la eternidad, a la ausencia de prescripción, a la exposición, en cualquier momento, a ese otro tópico, Oculos sicarii, que, como sabemos, hace referencia al carácter simbólicamente asesino de la mirada (ojos asesinos), mas no de amor, como gustasen de hacer Lope y Quevedo, sino, en nuestro caso, de puro control tributario, a la mirada inspectora, más cerca de los ojos petrificantes de la mitológica gorgona Medusa o aun del Basilisco. Del Tempus fugit solíamos acabar, con este dichoso e ingenioso modelo, en esa conocida metáfora sobre las horas y la muerte: "Todas hieren. La última mata". Era como Saturno o Cronos devorando a sus hijos.

Pues bien, lo que trae consigo la Sentencia del TJUE, es, ni más ni menos, la dulcificación de la mirada, de su reproche en forma de ganancias patrimoniales afloradas y de sanciones anexas y, finalmente, la emancipación de los hijos de Cronos o Saturno.

Continuemos con la literatura. En estos momentos, el Ministerio de Hacienda y la AEAT están diseñando un nuevo esquema prescriptivo y sancionador, más lógico, menos alocado, que se incluirá, previsiblemente, en el proyecto de Ley que modifica el Impuesto sobre Sociedades y el Impuesto sobre la Renta de No Residentes que actualmente debaten nuestros legisladores. Mientras tanto, la experiencia de las últimas semanas demuestra que el palo y tentetieso no es una buena fórmula para promover el cumplimiento voluntario de las obligaciones tributarias y, en esto, han coincidido –es para celebrarlo, sinceramente- contribuyentes, asesores fiscales, gestores administrativos, inspectores de Hacienda… : la anulación de las sanciones disparatadas y la vuelta a la senda de la prescripción, han elevado la seguridad jurídica (de contribuyentes y de Administración, hay que reseñar) y el número de regularizaciones voluntarias.

Los deseos y bienintencionadas recomendaciones que, en su día, realizara públicamente el director de la AEAT, animando a la presentación de la declaración voluntaria, aun extemporáneamente, acaban, por fin, de cumplirse. Los contribuyentes (y la propia Administración, no se olvide) están aplicando, en estos momentos, el tópico renacentista del Collige, virgo, rosa, coge, virgen, la rosa (o presenta la declaración ahora).

Así sí, así sí se incentiva, racionalmente, el cumplimiento de las obligaciones tributarias, facilitándolo, posibilitándolo y no gravándolo o agravándolo más aún. Es más, me atrevo a decir que estamos aplicando en toda su extensión el Carpe Diem, el célebre "aprovecha el momento" -incluso ante la expectativa de lo que finalmente nos depare la reforma del modelo-. Es una magnífica lección para todos. Insisto (al modelo del último libro de Luis Landero): para todos. Tanto, tanto, que me temo que estamos disfrutando de la acogida en otro magnífico tópico: Beatus ille, feliz aquel, …

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