Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos

¿Tiene que empeorar para empezar a mejorar?

Madrid

"Las cosas tienen que empeorar para que puedan mejorar", le dice a Batman su criado, Alfred. Y parece que algunos se empeñan en que esta "máxima" se cumpla en muchos casos. Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con esta suerte de principio que algunos quieren hacernos creer: es una de las fases de los duelos.

Nuestras Instituciones deben procurar, ¡siempre!, que las cosas mejoren, sin necesidad de que caigan aún más. Se deben establecer medidas preventivas, antes de que la caída comience, y, si esta es inevitable, se deben aprobar otras que corrijan lo más rápido posible los problemas detectados.

La crisis sanitaria ha puesto de manifiesto, una vez más, que cuando se conoce la existencia de un virus que está acabando con nuestros convecinos, la ciencia comienza una carrera frenética para ponerle coto. No voy a entrar en intereses económicos de los laboratorios, pues me parece que están en su derecho de hacer rentable su trabajo. Pero de lo que no cabe duda es que todos se han puesto a trabajar con el objetivo de buscar una solución.

Y así debería ser en la economía. Cuando los indicadores muestran debilidades, debemos todos ponernos a trabajar para corregirlas. Sin embargo, en las dos últimas crisis (al menos) hemos pasado las diferentes fases del duelo: en primer lugar, la negación. Asistimos en la Gran Recesión a un proceso electoral en el que, hasta el presidente del Gobierno y el ministro de Economía de entonces, llegaron a negar que existiera una crisis. Cuando la crisis ya se había instalado en muchos países del mundo. Y se empeñaron en no mencionar la palabra crisis. Había que ganar unas elecciones. Y luego, mejor sostenerla y no enmendarla. Aun cuando los mercados financieros estuvieron a punto de colapsar en varias ocasiones. Aquí se negó. Como se sigue negando que estamos en un proceso muy complicado para nuestras pymes. Hoy solo escucharemos que somos un país con elevado crecimiento, sana recuperación y mejora del mercado laboral. En esta fase es en la que más tiempo nos vamos a encontrar instalados.

En segundo lugar, la ira. Y no tenemos más que recuperar de la videoteca y de la hemeroteca declaraciones de unos gobernantes y otros en las que se acusan a los demás actores de lanzar soflamas que no se corresponden con la realidad económica del país, basándose en indicadores que bien se han demostrado erróneos (PIB del segundo trimestre), que bien se han presentado al público sin contar toda la verdad (como unas cifras de empleo que, durante meses, se han basado en la contratación de empleados públicos, por ejemplo, y no en un real crecimiento del sector privado).

La tercera fase se la han saltado. Aun cuando nos hayan hecho creer que se ha negociado con los agentes sociales, patronales y sindicatos, y con otros partidos políticos. Hemos asistido a la toma de decisiones que no han sido conocidas por quienes representan a los afectados, se han puesto en marcha medidas no aplicables a aquellos a los que se han querido beneficiar o se han establecido con mecanismos difíciles de digerir: pago de los ERTE, IMV, ayudas directas, ICO… Si hubieran completado esta fase de la mano de quienes más saben en cada caso, otro gallo nos hubiera cantado.

La cuarta fase, la de la depresión, es la que estamos sufriendo los demás. Los gobernantes no parecen haberse deprimido, más bien al contrario. Cuando uno no es consciente del problema que tiene encima, difícilmente puede caer en la depresión. Y eso es producto de la falta de análisis económico, de la falta de estadistas entre los que gobiernan, incapaces de ver cómo está sufriendo la población a la que gobiernan. Ojalá que nos hubiéramos comido la fase por la capacidad de corregir de forma ágil y efectiva.

De ahí que difícilmente lleguemos a la quinta fase. En 2008 la aceptación llegó en forma de elecciones generales, forzada por una situación que nos abocaba a la intervención de Europa a nuestra economía. Y ese fue el detonante que hizo pensar a nuestros gobernantes que no podían seguir manteniendo una posición que no hacía albergar esperanzas a una solución adecuada. Ahora, en 2021 no vemos fácil que este Gobierno acepte la situación que estamos atravesando, porque el empeño más parece en mantener su legislatura que en corregir las debilidades detectadas.

Lo más doloroso es que quienes sufren son siempre los mismos: los pequeños negocios y los trabajadores. Y no creo que puedan aguantar la frase de Alfred: "Las cosas tienen que empeorar para que empiecen a mejorar". Hemos de ponernos manos a la obra para conocer cómo está el 99% de nuestro tejido productivo y tomar las decisiones que les permitan recuperar el terreno perdido, alcanzar el nivel de solvencia y liquidez anterior al Covid y establecer las condiciones necesarias para que puedan crecer.

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Nuestro tejido tejido productivo, por llamarlo así, siempre ha sido enclenque y raquítico, y así va a seguir siendo. Al actual gobierno de amiguetes de Pedro Sánchez lo único que le interesa en perpetuarse en el poder y a las Pymes que les den y que les vaya bonito. En gran parte por ignorancia supina de lo que es una Pymes y en otra buena parte por vagancia y falta de interés. Desde Hacienda sólo prima la codicia recaudatoria de sus inspectores que se reparten con ello un plus de productividad en Navidad. Para perpetuarse en el poder lo más importante es intoxicar continuamente con mensajes de bonanza económica, crecimiento y creación de empleo, aunque no tengan nada que ver con la realidad. La máxima es: podemos empeorar sin que pase nada si lo sabemos maquillar bien.

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