Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos

Efecto mariposa... O como el Covid nos ha mostrado algunas de nuestras imperfecciones

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Dice el proverbio chino que "el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo". El efecto mariposa y la teoría del caos vienen a explicar que el universo es impredecible. Si algo ha quedado claro este último año y medio es que no sólo es impredecible si no que también es muy difícil luchar contra la naturaleza.

Podemos decir que la Covid-19 movió sus alas en febrero de 2020 y los mercados dejaron ver sus imperfecciones a nivel mundial. El caso más claro es el de los famosos semiconductores. Hoy todo el mundo habla de la carencia de chips, pero también debemos fijarnos en los polvos que nos han traído estos lodos.

Cuando muchos países desarrollados han ido cacareando sus ventajas competitivas frente al resto por los avanzados procesos de digitalización de sus empresas, de sus administraciones, de sus ciudadanos, todos pensamos que esa afirmación era cierta. ¿Qué ha sucedido, sin embargo, cuando hemos pasado de trabajar en la oficina a teletrabajar? ¿Por qué crece la demanda de portátiles de una manera tan "salvaje"? En mi opinión, y en casi todo el mundo, seguimos con las musas y no hemos bajado al teatro, esto es, igual no estábamos suficientemente preparados digitalmente. Esta es la primera imperfección.

Pero todos nos preguntamos ahora, ¿cómo es posible que la fabricación esté en manos de dos fabricantes a nivel mundial (en realidad son cuatro, dos de los cuales están un poco por debajo de los otros dos: TSMC, Samsung, Intel y GlobalFoundries)? Y, además, tan al límite de su capacidad de fabricación que, por más que se empeñen, no tienen posibilidad inmediata de aumentar su producción de forma apreciable. Segunda imperfección.

Entre medias, se nos cuelan los "chicos" que minan criptomonedas, que precisan tarjetas gráficas especiales para el proceso. La demanda estaba ya creciendo antes de la Covid19 y este hecho viene a incidir en la tormenta de los semiconductores. La tercera imperfección radica en la falta de visión sobre el incremento de la demanda que este "producto" estaba ya generando. Y, si quieren, sumamos el incremento de demanda de tarjetas gráficas para el mundo del "gaming", mercado que es una realidad desde hace tiempo.

En definitiva, un virus, el Sars-Cov-2, movió sus alas y la industria de la automoción está sufriendo el efecto en sus propias carnes. Nos llevamos las manos a la cabeza, pero la realidad es que, al parón en las fábricas y de las ventas por los confinamientos se une ahora la falta de chips. Esta industria está pagando las imperfecciones antes citadas.

Pero el caso de los semiconductores no es el único que nos está lastrando. La subida de los precios de la energía ha supuesto el incremento de los precios de muchos productos, la alta demanda de algunas materias primas ha incrementado también de forma notable sus precios. Parece que el aleteo no ha parado en la automoción, e industrias como la química y como la construcción están sufriendo las consecuencias del movimiento de las alas.

Entre tanto, España no es un caso distinto. Y aquí sufrimos las consecuencias también de forma muy acentuada. La industria auxiliar de la automoción, los concesionarios de automóviles, la construcción, la industria vinculada a la madera… están en una situación cada vez más grave por la falta de semiconductores y por la subida del precio de las materias primas.

Y si creíamos que eran la hostelería y el turismo los sectores más afectados por la crisis sanitaria, comprobamos ahora que otros, de forma directa o indirecta, se están viendo abocados a una crisis que podría ser profunda.

Es difícil luchar contra la naturaleza, pero si es posible tener vías de escape alternativo. En España, ya hace años que perdimos la industria y somos un país de pequeños y medianos negocios. Muy vinculados a la construcción antes de la crisis financiera, y muy volcados en la hostelería y el turismo ahora. Y, venga por donde venga el viento, siempre terminamos con pulmonía.

Estoy convencido que a nivel mundial es preciso que se tengan en cuenta los aprendizajes que nos deja la crisis sanitaria y que se dediquen esfuerzos en procurar hacer algo más perfectos los mercados. Los más destacados economistas probablemente me echarán a los caimanes, pero estoy convencido que algo más se puede hacer. Y a nivel nacional, debemos procurar un proyecto de país que soporte algo mejor estas situaciones de crisis, con empleo más robusto y con empresas más resistentes.

No soy de los que considera que todo es el tamaño; creo que las alianzas, las fusiones frías, la colaboración, pueden dar consistencia a nuestra oferta de productos y servicios y generar negocios que superen mejor las crisis. Pero tenemos que empezar a dar soluciones a nuestro tejido productivo. Hay que procurar que los aleteos no nos tumben el barco.

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